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¿Transporte de vanguardia o capricho millonario? El Teleférico de Uruapan y el riesgo de un desplome financiero

Por: ALIANZA MULTIMEDIOS

Uruapan, Michoacán, 05 de junio de 2026.- La narrativa oficial del Gobierno de Michoacán ha intentado colocar la reciente inauguración del Teleférico de Uruapan como una «proeza de ingeniería» y un estandarte de «justicia social». Sin embargo, un análisis riguroso de las cifras de inversión, confrontado con las metas de usuarios fijadas por las propias autoridades, revela una realidad incómoda: el megaproyecto corre el riesgo inminente de convertirse en un costoso «elefante blanco» sostenido artificialmente por las finanzas públicas.

El costo de la «altura»: Una inversión de 3,200 millones de pesos
El pasado 18 de abril, el gobernador del estado, Alfredo Ramírez Bedolla, cortó el listón inaugural de la obra, presumiendo una inversión final que alcanzó los 3,200 millones de pesos.

Aunque la administración estatal insiste en el discurso de haberlo ejecutado «sin contratar deuda pública» —utilizando recursos 100% estatales—, la magnitud del gasto compromete fondos que bien pudieron distribuirse en necesidades críticas de seguridad, salud o bacheo terrestre en la entidad.

Gastar más de tres mil millones de pesos en un sistema de 8.4 kilómetros y seis estaciones exige, por pura lógica financiera, un retorno social y una demanda masiva que justifique el desembolso. Es ahí donde el proyecto comienza a tambalearse.

Las alegres expectativas de Bedolla y Butanda

Antes de que las 91 cabinas comenzaran a rodar por los cielos de Uruapan, las proyecciones gubernamentales eran sumamente optimistas. La entonces titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad (Sedum), Gladyz Butanda Macías (ahora aspirante a candidata del Morena a la gubernatura), junto con el mandatario estatal, salieron a los medios a fijar la meta de operación.

Las autoridades estimaron públicamente que, una vez estabilizada la demanda potencial en su primer año, el teleférico registraría una afluencia de entre 30,000 y 35,000 usuarios diarios. Bajo esta premisa de movilidad masiva se justificó la multimillonaria inversión frente a las críticas de diversos sectores locales.

La dura realidad de las cifras: Un déficit del 48% en pasajes

A un mes del arranque, la propia Sedum presentó con bombos y platillos el corte de caja operativo, intentando maquillar las cifras bajo el espectacular titular de «más de medio millón de pasajeros en su primer mes». Gladyz Butanda informó con precisión que el sistema movilizó a un total de 515,557 personas en sus primeros 30 días.

Sin embargo, al desglosar la numeralia y hacer la división matemática básica, el triunfalismo oficial se desmorona:

El teleférico está movilizando un promedio de apenas 17,185 usuarios diarios (redondeado por las autoridades en «cerca de 18,000»).
Esto significa que el nuevo sistema opera a un 51% de la meta mínima que ellos mismos proyectaron (30,000) y arrastra un déficit de más del 48% respecto al límite superior esperado (35,000).

Ni el flujo de estudiantes ni el turismo del que tanto habló Ramírez Bedolla han logrado acercar el cablebús a los niveles de ocupación indispensables para legitimarlo como un transporte masivo eficiente.

El fantasma del subsidio eterno
El verdadero peligro de un «elefante blanco» no es solo lo que cuesta construirlo, sino lo que cuesta mantenerlo vivo cuando no es autosustentable.

En este primer mes, la Sedum reportó que el costo de operación y mantenimiento ascendió a 6 millones 466 mil 775 pesos, de los cuales 1.5 millones se destinaron exclusivamente al pago de energía eléctrica a la CFE.

Con una tarifa de 11 pesos por pasaje, los 515,557 usuarios mensuales generaron ingresos brutos estimados en poco más de 5.6 millones de pesos. El sistema ya nació operando con números rojos y requiriendo parches financieros —como el intento de usar agua de la Prespresa Francisco J. Múgica para abaratar la luz— para no colapsar.

Si la afluencia real de los uruapenses se estanca en los niveles actuales, el Teleférico de Uruapan pasará a la historia no como una solución de movilidad de vanguardia, sino como un monumento a la planeación optimista y un pozo sin fondo para el dinero de los contribuyentes michoacanos.

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